El Papa
Benedicto XVI explicó que la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María,
muestra que en Dios hay espacio para el hombre al que siempre espera para la vida
eterna con Él, razón de la auténtica esperanza humana. Así lo indicó en la
homilía de la Misa, que presidió en Castel Gandolfo, al celebrar la Asunción de
la Virgen María a los cielos en cuerpo y alma, dogma proclamado por el Papa Pío
XII el 1 de noviembre de 1950.
Tras
hacer una intensa reflexión sobre la vida de la Madre de Dios, que en el
Magnificat pronuncia una profecía "para toda la historia de la Iglesia"
y que vive siempre unida a su Hijo Jesucristo, precisó que: "las
palabras de María dicen que es un deber de la Iglesia recordar la grandeza de
la mujer para la Fe". "Esta solemnidad es una invitación por lo
tanto para alabar a Dios, y mirar hacia la grandeza de la Santísima Virgen,
porque a Quien es Dios lo conocemos en el rostro de los suyos", añadió.
El Papa
cuestionó luego: "¿qué cosa dona a nuestro camino, a nuestra vida, la
Asunción de María? La primera respuesta es: en la Asunción vemos que en Dios
hay espacio para el hombre, Dios mismo es la casa de tantos apartamentos de la
cual habla Jesús, Dios es la casa del hombre, en Dios está el espacio de Dios.
Y María, uniéndose, unida a Dios no sea aleja de nosotros, no va sobre una
galaxia desconocida, sino que va a Dios, se aproxima, porque Dios está cerca de
todos nosotros y María, unida a Dios, participa de la presencia de Dios, esta
cercanísima a nosotros, a cada uno de nosotros".
“Hay una
bella palabra de San Gregorio Magno sobre San Benito que podemos aplicar
todavía a María: San Gregorio Magno dice que el corazón de San Benito se hizo
tan grande que todo lo Creado podía entrar en este corazón. Esto vale aún más
para María: María, unida totalmente a Dios, tiene un corazón tan grande que
toda la Creación puede entrar en este corazón. María está cercana, puede
escuchar, puede ayudar, está próxima a todos nosotros, En Dios hay espacio para
el hombre y Dios está cerca y María unida a Dios, está muy próxima, tiene el
corazón ancho como el corazón de Dios".
El Papa
precisó que "hay también otro aspecto: no solo en Dios hay espacio para el
hombre, en el hombre hay espacio para Dios. También esto vemos en María, el
Arca Santa que lleva la presencia de Dios. En nosotros hay espacio para Dios y
esta presencia de Dios, en nosotros, tan importante para iluminar al mundo en
su tristeza, en sus problemas, esta presencia se realiza en la Fe: en la Fe
abrimos las puertas de nuestro ser para que Dios entre en nosotros, para que
Dios pueda ser la fuerza que da vida y camino a nuestro ser".
"En
nosotros hay espacio, abrámonos como María se abrió, diciendo: ‘Hágase tu
voluntad, yo soy la sierva del Señor’. Abriéndose a Dios, nada perdemos.
Por el contrario: nuestra vida se enriquece y se hace grande". Y así,
prosiguió el Papa, "Fe, esperanza y amor se combinan: hoy, hay muchas
palabras sobre un mundo mejor por esperar, sería nuestra esperanza. No sabemos
cuándo ese mundo mejor llegará, no lo sé. Seguramente un mundo que se aleja de
Dios se convierte en peor porque solo la presencia de Dios puede garantizar,
también, un mundo bueno".
"Una
cosa, una esperanza segura es que Dios nos espera, y encontramos, yendo al otro
mundo, la bondad de la Madre, encontramos a los nuestros, encontramos el Amor
eterno. Dios nos espera: esta es nuestra gran alegría y la gran esperanza que
nace justo de esta Fiesta. María nos visita, y es el gozo de nuestra vida y el
gozo es esperanza. Por lo tanto, ¿qué cosa decir? Corazón grande, presencia de
Dios en el mundo, espacio de Dios en nosotros y espacio de Dios por nosotros,
esperanza, ser esperados: esta es la sinfonía de esta fiesta, la indicación que
la meditación de esta Solemnidad nos dona. María es aurora y esplendor de la
Iglesia triunfante; Ella es el consuelo y la esperanza para el pueblo todavía
en camino, dice el Prefacio de hoy.
Confiémonos
a su materna intercesión, para que nos obtenga del Señor el poder reforzar
nuestra Fe en la vida eterna; nos ayude a vivir bien el tiempo que Dios nos
ofrece con esperanza".
Para
concluir el Papa dijo que esta es "una esperanza cristiana, que no es
solamente nostalgia del Cielo, sino vivo y laborioso deseo de Dios aquí en el
mundo, deseo de Dios que nos hace peregrinos incansables, alimentando en
nosotros el valor y la fuerza de la Fe, que al mismo tiempo es valor y fuerza
del amor. Amén".
Fuente: Extractado ACI/EWTN Noticias
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