En
forma de Motu Proprio
Del
Sumo Pontífice
BENEDICTO XVI
BENEDICTO XVI
Con
la que se convoca el Año de la Fe.
10.
En este sentido, quisiera esbozar un camino que sea útil para comprender de
manera más profunda no sólo los contenidos de la Fe sino, juntamente también
con eso, el acto con el que decidimos de entregarnos totalmente y con plena
libertad a Dios. En efecto, existe una unidad profunda entre el acto con el que
se cree y los contenidos a los que prestamos nuestro asentimiento. El apóstol
Pablo nos ayuda a entrar dentro de esta realidad cuando escribe: «con el
corazón se cree y con los labios se profesa» (cf. Rm 10, 10). El corazón indica que el primer acto con el que se
llega a la Fe es don de Dios y acción de la gracia que actúa y transforma a la
persona hasta en lo más íntimo.
A este propósito, el
ejemplo de Lidia es muy elocuente. Cuenta San Lucas que Pablo, mientras se
encontraba en Filipos, fue un Sábado a anunciar el Evangelio a algunas mujeres;
entre estas estaba Lidia y el «Señor le abrió el corazón para que aceptara
lo que decía Pablo» (Hch
16, 14). El sentido que encierra la expresión es importante. San Lucas enseña
que el conocimiento de los contenidos que se han de creer no es suficiente si
después el corazón, auténtico sagrario de la persona, no está abierto por la
gracia que permite tener ojos para mirar en profundidad y comprender que lo que
se ha anunciado es la Palabra de Dios.
Profesar con la boca indica,
a su vez, que la Fe implica un testimonio y un compromiso público. El cristiano
no puede pensar nunca que creer es un hecho privado. La Fe es decidirse a estar
con el Señor para vivir con él. Y este «estar con él» nos lleva a comprender
las razones por las que se cree. La Fe, precisamente porque es un acto de la
libertad, exige también la responsabilidad social de lo que se cree. La Iglesia
en el día de Pentecostés muestra con toda evidencia esta dimensión pública del
creer y del anunciar a todos sin temor la propia Fe. Es el don del Espíritu
Santo el que capacita para la misión y fortalece nuestro testimonio, haciéndolo
franco y valeroso.
La misma profesión de Fe es
un acto personal y al mismo tiempo comunitario. En efecto, el primer sujeto de
la Fe es la Iglesia. En la Fe de la comunidad cristiana cada uno recibe el
bautismo, signo eficaz de la entrada en el pueblo de los creyentes para
alcanzar la salvación. Como afirma el Catecismo
de la Iglesia Católica: «“Creo”: Es la Fe de la Iglesia profesada
personalmente por cada creyente, principalmente en su bautismo. “Creemos”: Es
la Fe de la Iglesia confesada por los obispos reunidos en Concilio o, más
generalmente, por la asamblea litúrgica de los creyentes. “Creo”, es también la
Iglesia, nuestra Madre, que responde a Dios por su Fe y que nos enseña a decir:
“creo”, “creemos”»[17].
Como se puede ver, el
conocimiento de los contenidos de la Fe es esencial para dar el propio asentimiento, es decir, para
adherirse plenamente con la inteligencia y la voluntad a lo que propone la
Iglesia. El conocimiento de la Fe introduce en la totalidad del misterio
salvífico revelado por Dios. El asentimiento que se presta implica por tanto
que, cuando se cree, se acepta libremente todo el misterio de la Fe, ya que
quien garantiza su verdad es Dios mismo que se revela y da a conocer su
misterio de amor[18].
Por otra parte, no podemos
olvidar que muchas personas en nuestro contexto cultural, aún no reconociendo
en ellos el don de la Fe, buscan con sinceridad el sentido último y la verdad
definitiva de su existencia y del mundo. Esta búsqueda es un auténtico
«preámbulo» de la Fe, porque lleva a las personas por el camino que conduce al
misterio de Dios. La misma razón del hombre, en efecto, lleva inscrita la exigencia
de «lo que vale y permanece siempre»[19]. Esta exigencia constituye una
invitación permanente, inscrita indeleblemente en el corazón humano, a ponerse
en camino para encontrar a Aquel que no buscaríamos si no hubiera ya venido[20]. La Fe nos invita y nos abre totalmente
a este encuentro.
Nota:
Publicación original y completa de escrito 10 de un total de 15. Posteriormente se publicará escrito 11 y 12.
Fuente:
www.vatican.va
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