31 Saliendo de la región de Tiro, Jesús pasó por
Sidón y volvió
al lago de Galilea, en pleno territorio
de Decápolis.
32 Allí le presentaron un sordo que hablaba con
dificultad y le
pidieron que le impusiera la mano.
33 Jesús lo apartó de la gente, le metió los
dedos en los oídos
y con su saliva le tocó la lengua.
34 Después, mirando al cielo, suspiró y dijo: “Effetá”, que quiere
decir: “Abrete.”
35 En seguida se le destaparon los oídos,
desapareció el defecto
de la lengua y el hombre comenzó a hablar
correctamente.
36 Jesús les mandó que no lo dijeran a nadie,
pero mientras más
insistía más lo publicaban.
37 El entusiasmo de la gente era increíble, y
decían: “Todo lo ha
hecho bien; los sordos oyen y los mudos
hablan.”
Oración:
Tú, Señor, eres el
más bueno,
el más justo y
compasivo…
Tú has sido bueno
con nosotros,
has arrancado
nuestros ojos de las lágrimas,
has apartado
nuestra vida de la muerte.
¡Padre de la vida,
que nos sanas en tu Cristo!
Permítenos imitar
tu amor
el que nos has
mostrado en Jesús:
por sus manos cura
aún
aquella ceguera
que distingue entre personas,
aquella
incapacidad de confesar a Cristo
presente en los
hermanos…
Y continúa haciéndonos
el bien,
y aumentando en
nosotros el gozo
de ser tu
presencia misericordiosa
para todo pobre
que sufre.
Amén.Fuente: Lectio Divina Vicentina
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