Poco a poco, vamos
aprendiendo a vivir sin interioridad. Ya no necesitamos estar en contacto con
lo mejor que hay dentro de nosotros. Nos basta con vivir entretenidos. Nos
contentamos con funcionar sin alma y alimentarnos solo de pan. No queremos
exponernos a buscar la verdad. Ven Espíritu Santo y libéranos del vacío
interior.
Ya sabemos vivir sin raíces
y sin metas. Nos basta con dejarnos programar desde fuera. Nos movemos y
agitamos sin cesar, pero no sabemos qué queremos ni hacia dónde vamos. Estamos
cada vez mejor informados, pero nos sentimos más perdidos que nunca. Ven
Espíritu Santo y libéranos de la desorientación.
Apenas nos interesan ya las
grandes cuestiones de la existencia. No nos preocupa quedarnos sin luz para
enfrentarnos a la vida. Nos hemos hecho más escépticos pero también más
frágiles e inseguros. Queremos ser inteligentes y lúcidos. ¿Por qué no
encontramos sosiego y paz?... ¿Por qué nos visita tanto la tristeza?... Ven
Espíritu Santo y libéranos de la oscuridad interior.
Queremos vivir más, vivir
mejor, vivir más tiempo, pero ¿vivir qué?... Queremos sentirnos bien, sentirnos
mejor, pero ¿sentir qué?... Buscamos disfrutar intensamente de la vida, sacarle
el máximo jugo, pero no nos contentamos solo con pasarlo bien. Hacemos lo que
nos apetece. Apenas hay prohibiciones ni terrenos vedados. ¿Por qué queremos
algo diferente?... Ven Espíritu Santo y enséñanos a vivir.
Queremos ser libres e independientes, y nos
encontramos cada vez más solos. Necesitamos vivir y nos encerramos en nuestro
pequeño mundo, a veces tan aburrido. Necesitamos sentirnos queridos y no
sabemos crear contactos vivos y amistosos. Al sexo le llamamos "amor"
y al placer "felicidad", pero ¿quién saciará nuestra sed?... Ven
Espíritu Santo y enséñanos a amar.En nuestra vida ya no hay sitio para Dios. Su presencia ha quedado reprimida o atrofiada dentro de nosotros. Llenos de ruidos por dentro, ya no podemos escuchar su voz. Volcados en mil deseos y sensaciones, no acertamos a percibir su cercanía. Sabemos hablar con todos menos con él. Hemos aprendido a vivir de espaldas al Misterio. Ven Espíritu Santo y enséñanos a creer.
Creyentes
y no creyentes, poco creyentes y malos creyentes, así peregrinamos todos muchas veces por la vida. En la fiesta cristiana
del Espíritu Santo a todos nos dice Jesús lo que un día dijo a sus discípulos
exhalando sobre ellos su aliento: "Recibid el
Espíritu Santo". Ese Espíritu que sostiene
nuestras pobres vidas y alienta nuestra débil Fe puede penetrar en nosotros por
caminos que solo él conoce.
Fuente: José Antonio Pagola
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