En la audiencia general de este Miércoles y ante
unos 10 mil peregrinos, el Papa reflexionó sobre un pasaje de los Hechos de los
Apóstoles que narra la prisión de Pedro que es finalmente liberado por la
intervención de un ángel del Señor.
"La oración constante y unánime es un
instrumento precioso también para superar las pruebas que puedan surgir en el
camino de la vida, porque estando profundamente unidos a Dios, nos permite
también estar profundamente unidos a los demás.
Yo, también, desde el primer momento de mi elección como Sucesor de San
Pedro, me he sentido siempre sostenido por vuestras oraciones y por la oración
de la Iglesia, sobre todo en los momentos más difíciles, os agradezco de corazón.
El episodio de Pedro muestra el poder de la oración. Y el
Apóstol, aun estando encadenado, se siente tranquilo, confiado en la certeza de
no estar nunca solo: la comunidad está orando por él, el Señor está a su lado,
aún más, sabe que ‘el poder de Cristo se manifiesta plenamente en la
debilidad’. Ante la prisión de Pedro ´la comunidad congregada ora ante el
peligro y la persecución. El Apóstol, encadenado, se halla tranquilo y
confiado, con la certeza de no estar solo: la Iglesia reza por él; el Señor le
acompaña; y sabe que la fuerza de Cristo se realiza en la debilidad. Experimenta
que en el seguimiento de Jesús se encuentra la verdadera libertad, y por ello
dará testimonio hasta el martirio, confirmando que el Señor es el Resucitado y
lo ha salvado.
Este hecho que es narrado por Lucas, nos advierte
que la Iglesia, cada uno de nosotros, cuando atraviesa la noche de la prueba se
ve confortado por la oración vigilante, perseverante y confiada en el Señor,
que nos sostiene y libera de las cadenas, nos da la serenidad del corazón y
ayuda para hacer frente a las dificultades de la vida, aun ante el rechazo, la
oposición y la persecución.
Pueden existir problemas en la comunidad de los creyentes,
como sucedió con los primeros cristianos: Santiago nos habla de ello en su
Carta. Es una comunidad en crisis, en dificultades, no tanto por las
persecuciones, sino porque en su interior hay celos y contiendas. El Apóstol se
pregunta la razón de esta situación. Y encuentra dos razones principales: la
primera es la de dejarse dominar por las pasiones, por la dictadura de sus
propios deseos, por el egoísmo. Y la segunda es la falta de oración (…) o la
presencia de una oración que no puede ser definida como tal: ‘piden y no
reciben, porque piden mal, con el único fin de satisfacer sus pasiones’.
Según Santiago, esta situación podía cambiar si
toda la comunidad hablara con Dios, rezando verdaderamente de forma asidua y
unánime. En efecto, incluso todo lo que se dice sobre Dios, corre el riesgo de
perder su fuerza interior y el testimonio se vuelve árido si no están animados,
apoyados y acompañados por la oración, por la continuidad de un diálogo vivo
con el Señor.
Es un recordatorio importante también para nosotros
y para nuestras comunidades, tanto las pequeñas como la familia, así como las
más grandes como la parroquia, la diócesis, la Iglesia entera. Me hace pensar
que en la comunidad de Santiago, había rezado pero habían rezado mal, sólo por
sus propias pasiones. Tenemos que aprender siempre de nuevo a orar bien, a
orar realmente, orientándonos hacia Dios y no hacia nuestro propio bien”.
Sobre la liberación de Pedro y la alegría de la
comunidad de los cristianos al verlo libre, el Santo Padre señala que: “el
Primer Papa experimenta que la verdadera libertad estriba en seguir a Jesús,
envueltos por la luz radiante de la Resurrección y, por ello, puede testimoniar
hasta el martirio que el Señor es el Resucitado, y que ‘realmente el Señor
envió a su Ángel y lo libró de las manos de Herodes’. Luego, el martirio que
iba a sufrir en Roma lo unirá definitivamente a Cristo, que le había dicho:
cuando seas viejo, otro te llevará a donde no quieras, indicándole con qué
muerte Pedro debía glorificar a Dios”.
En sus palabras finales en castellano, el Papa
Benedicto XVI invitó a "todos a experimentar cómo la oración constante y
de la comunidad unida es un precioso instrumento para superar las dificultades
que surgen en el camino de la vida, porque cuando estamos profundamente unidos
a Dios, estamos también unidos a los hermanos. Muchas gracias".
Vaticano,
09 Mayo 2012
Fuente: Extractado ACI/EWTN Noticias
No hay comentarios:
Publicar un comentario