San Vicente en una
conferencia a los misioneros sobre el Reino de Dios, afirma con seguridad:
“… buscad el reino de
Dios antes que todo lo demás. Pero, padre, hay tantas cosas que hacer, tantas
tareas en la casa, tantas ocupaciones en la ciudad, en el campo; trabajo por
todas partes; ¿habrá que dejarlo todo para no pensar más que en Dios? No, pero
hay que santificar esas ocupaciones buscando en ellas a Dios, y hacerlas más
por encontrarle a él allí que por verlas hechas. Nuestro Señor quiere que ante
todo busquemos su gloria, su reino, su justicia, y para eso que insistamos
sobre todo en la vida interior, en la Fe, la confianza, el amor, los ejercicios
de religión, la oración, la confusión, las humillaciones, los trabajos y las
penas, con vistas a Dios, nuestro señor soberano; que le presentemos continuas
oblaciones de servicio y de anhelos por ganar reinos para su bondad, gracias
para su Iglesia y virtudes para la compañía. Si por fin nos asentamos
firmemente en la búsqueda de la gloria de Dios, podemos estar seguros de que lo
demás vendrá después.
Nuestro Señor nos ha
prometido que atenderá a todas nuestras necesidades, sin que tengamos que
preocuparnos de ellas; no obstante, hay que atender a los asuntos temporales y
velar por ellos en la medida en que Dios lo desea, pero sin hacer de eso
nuestra preocupación principal. Dios espera que así lo hagamos y la compañía
hará bien en preocuparse de las cosas exteriores; pero si se ocupa en buscar
esas cosas perecederas, descuidando las interiores y divinas, dejará de ser
Misión; será un cuerpo sin alma; y este lugar será, como ha sido otras veces,
un motivo de pena para las buenas personas y de abandono de Dios. (XI, 429)
Fuente: Lectio Divina.
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