El Papa Benedicto XVI llegó esta mañana hasta el Aula Pablo VI
para su Catequesis semanal, en presencia de miles de fieles. El tema de hoy
estuvo centrado en la encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Virgen
María, por obra del Espíritu Santo.
“Una y otra vez surge la cuestión sobre el origen de
Jesús, la misma que pone el Procurador Poncio Pilato durante el juicio: ‘¿De
dónde eres tú?’ (Jn 19:9).
En los cuatro Evangelios es clara la respuesta a la
pregunta ‘de dónde’ viene Jesús: su verdadero origen es el Padre; Él viene
enteramente de Él, pero de una manera distinta a cualquier profeta o enviado
por Dios que le han precedido. El ángel Gabriel anuncia: "El Espíritu
Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por
eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios". (Lc 1:35). Repetimos
estas palabras cada vez que rezamos el Credo, la profesión de Fe:
"Incarnatus et est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine", "por
obra del Espíritu Santo se encarnó en el vientre de la Virgen María".
Ante esta frase inclinamos nuestras cabezas porque el
velo que ocultaba a Dios, por así decirlo, se abre y su misterio insondable e
inaccesible a nosotros se toca: Dios se convierte en Emmanuel, "Dios
con nosotros".
En la profesión de Fe, en el Credo, Jesús viene
definido con diferentes nombres: "Señor,... Cristo, unigénito Hijo de
Dios... Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero... de la
misma sustancia que el Padre" (Credo Nicea-Constantinopla). Vemos entonces
que "Él" remite a otra persona, la del Padre. El primer sujeto de
esta frase es, por lo tanto, el Padre, que con el Hijo y el Espíritu Santo, es
el único Dios. Esta afirmación del Credo no se refiere al ser eterno de Dios,
sino que habla de una acción en la que toman parte las tres Personas divinas y
que se realiza "ex Maria Virgine". Sin ella, la entrada de Dios en la
historia humana no hubiera llegado a su fin, y no hubiera sido posible aquello
que es fundamental para nuestra Profesión de Fe: Dios es un Dios con
nosotros. Así que María forma parte esencial de nuestra Fe en el Dios que
actúa, que interviene en la historia. Ella ofrece su persona entera,
"acepta" convertirse en la morada de Dios.A veces, también en el camino y en la vida de Fe podemos percibir nuestra pobreza, nuestra incapacidad ante el testimonio que debemos ofrecer al mundo. Pero Dios eligió, precisamente, a una mujer humilde, en una aldea desconocida, en una de las provincias más lejanas del gran Imperio Romano.
Profesando en el Credo: "por obra del Espíritu
Santo se encarnó de María Virgen," afirmamos que el Espíritu Santo, como
poder del Dios Altísimo, ha obrado de forma misteriosa en la Virgen María la
concepción del Hijo de Dios. Dos referencias son evidentes: la primera es la de
la creación. Al comienzo del libro del Génesis leemos que " el Espíritu de
Dios se cernía sobre las aguas" (1,2), es el Espíritu Creador que dio vida
a todas las cosas y al ser humano. Lo que sucede en María, por obra del mismo
Espíritu divino, es una nueva creación: Dios que ha llamado al ser de la nada,
con la Encarnación da vida a un nuevo comienzo de la humanidad. Los Padres de
la Iglesia en varias ocasiones hablan de Cristo como nuevo Adán, para marcar el
comienzo de la nueva creación del nacimiento del Hijo de Dios en el vientre de
la Virgen María.
Esto nos hace reflexionar sobre cómo la Fe nos brinda
también a nosotros una novedad tan fuerte que produce un segundo nacimiento. De
hecho, en el comienzo de la vida cristiana está el Bautismo, que nos hace nacer
de nuevo como hijos de Dios, nos hace participar en la relación filial que
Jesús tiene con el Padre. Y me gustaría señalar que el Bautismo se recibe,
"somos bautizados" –es un pasivo– porque nadie es capaz de hacerse
hijo por sí mismo: es un don conferido de forma gratuita.
Sólo si nos abrimos a la acción de Dios, como María,
sólo si encomendamos nuestra vida al Señor como a un amigo en el que confiamos
plenamente, todo cambia, nuestra vida adquiere un sentido nuevo y un rostro
nuevo: el de hijos de un Padre que nos ama y no nos abandona nunca.Por último, me gustaría señalar otro elemento más en las palabras de la Anunciación. El ángel le dice a María: "El poder del Altísimo te cubrirá con su sombra". Es una evocación de la nube santa, que durante el camino del Éxodo, se detenía sobre la Tienda del Encuentro. María es la nueva tienda santa, la nueva Arca de la Alianza, con su "sí" a las palabras del Arcángel, Dios recibe una morada en este mundo, Aquel que el universo no puede contener viene a morar en el vientre de una virgen.
Volvamos entonces a la pregunta con la que comenzamos, la del origen de Jesús, sintetizada por la pregunta de Pilato: "¿De dónde vienes?". En estas reflexiones, parece claro desde el principio de los Evangelios, cuál es el verdadero origen de Jesús: Él es el Unigénito del Padre, viene de Dios. Estamos ante el gran e impactante misterio de la Navidad: el Hijo de Dios, por obra del Espíritu Santo, se ha encarnado en el seno de la Virgen María. Éste es un anuncio que resuena siempre nuevamente y que lleva consigo esperanza y alegría a nuestros corazones, porque cada vez nos da la certeza, aunque a menudo nos sintamos débiles, pobres e incapaces ante las dificultades y el mal del mundo, de que el poder de Dios actúa siempre y obra maravillas, precisamente en la debilidad. Su gracia es nuestra fuerza (cfr. 2 Cor 12,9-10).”
Vaticano,
02 Ene. 2013
Fuente:
Extractado Aciprensa
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