En la penúltima Catequesis de su pontificado que
dedicó a la Cuaresma y en lo que constituye su primera aparición pública tras
anunciar su renuncia, el Papa Benedicto XVI explicó que convertirse es poner a
Dios en primer lugar.
Ante miles de fieles que abarrotaron el Aula Pablo VI
en el Vaticano que acudieron para expresarle su cercanía y afecto tras el
anuncio de renuncia, el Santo Padre recordó que:
“Hoy, Miércoles de Ceniza, comenzamos el tiempo
litúrgico de la Cuaresma, cuarenta días que nos preparan para la celebración de
la Santa Pascua: es un tiempo de particular esfuerzo en nuestro camino
espiritual.
Convertirse, tarea especialísima de la Cuaresma, significa
no cerrarse en la búsqueda del propio éxito, del propio prestigio, de la propia
posición, sino hacer que cada día, en las pequeñas cosas, la verdad y la Fe en
Dios y el amor se conviertan en la cosa más importante.
La Cuaresma invita a mirar también el tiempo en el que
Jesús se retiró al desierto a orar antes de iniciar su vida pública. Ese
espacio, es el lugar del silencio, de la pobreza, donde el hombre está privado
de los apoyos materiales y se encuentra ante las preguntas fundamentales de la
existencia, está destinado a ir a lo esencial y por ello es más fácil encontrar
a Dios. Pero el desierto es también el lugar de la muerte, porque donde no hay
agua no hay tampoco vida, y es el lugar de la soledad, en el que el hombre
siente más intensa la tentación.
Reflexionar sobre las tentaciones a las que es
expuesto Jesús en el desierto es una invitación para cada uno de nosotros a
responder a una pregunta fundamental: ¿qué cosa cuenta realmente en mi vida?
Tras exponer las tres tentaciones a las que el diablo
somete al Señor, Benedicto XVI señala que el núcleo de ellas es la propuesta de
instrumentalizar a Dios, de usarlo para los propios intereses, para la propia
gloria y para el propio éxito. Y entonces, en esencia, ponerse uno mismo en el
lugar de Dios, sacándolo de la propia existencia y haciéndolo parecer
superfluo. Cada uno debería preguntarse entonces: ¿qué lugar tiene Dios en mi
vida? ¿Es Él el Señor o lo soy yo?
Superar la tentación de someter a Dios a sí y a los
propios intereses o de ponerlo en un ángulo y convertirse al justo orden de
prioridad, dar a Dios el primer puesto, es un camino que cada cristiano debe
recorrer siempre de nuevo.
'Convertirse', una invitación que escucharemos
muchas veces en Cuaresma, significa seguir a Jesús de modo que su Evangelio sea
guía concreta de la vida, significa dejar que Dios nos transforme, dejar de
pensar que somos nosotros los únicos constructores de nuestra existencia,
significa reconocer que somos criaturas, que dependemos de Dios, de su amor, y
sobre todo ‘perdiendo’ nuestra vida en Él podemos ganarla.
El Santo Padre alentó también a superar las
tentaciones de la sociedad secularizada y aseguró que:
"No es fácil ser fieles al matrimonio cristiano,
practicar la misericordia en la vida cotidiana, dejar espacio a la oración y al
silencio interior, no es fácil oponerse públicamente a opciones que muchos
consideran obvias, como el aborto en el caso de un embarazo no deseado, la eutanasia
en caso de enfermedad grave o la selección de embriones para prevenir enfermedades
hereditarias.
La tentación de poner aparte la propia Fe siempre está
presente y la conversión se vuelve una respuesta a Dios que debe ser confirmada
más veces en la vida".
Benedicto XVI puso luego algunos ejemplos de esta
esfuerzo, como el del científico ruso ortodoxo Pavel Florenskij, que educado en
el agnosticismo, llega un día a exclamar "¡No, no se puede vivir sin
Dios!", o la vida de Etty Hillesum, una joven holandesa de origen judío
que murió en Auschwitz y que descubre su gran hambre de Dios.
El Papa citó luego el libro del Apocalipsis, en el que
se lee: "’Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno escucha mi voz y
me abre la puerta, entraré y cenaré con él y él conmigo’ (3, 20). Nuestro
hombre interior debe prepararse para ser visitado por Dios y por ello no debe
dejarse invadir por las ilusiones, las apariencias, las cosas materiales.
En este tiempo de Cuaresma, en el Año de la Fe,
renovemos nuestro esfuerzo en el camino de conversión, para superar la
tendencia de cerrarnos en nosotros mismos y para hacer, en vez de eso, espacio
a Dios, mirando con sus ojos la realidad cotidiana".
Para concluir, el Santo Padre dijo que: "la
alternativa entre cerrarnos a nuestro egoísmo y la apertura al amor de Dios y
los demás, podríamos decir que corresponde a la alternativa de las tentaciones
de Jesús: alternativa entre el poder humano y el amor de la Cruz, entre una
redención vista solo en el bienestar material y una redención como obra de
Dios, al que debemos dar el primado en la existencia".Vaticano, 13 Feb. 2013
Fuente: ACI/EWTN Noticias
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