Se
abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de la
alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida
de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal
en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete
diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las
estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que
iba a dar luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un
varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al
niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde
tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo: "Ahora
se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la
potestad de su Cristo."
(Apocalípsis
11,19a;12,1.3-6a.10ab)
Texto de San Bernardo.
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