En su reflexión de esta mañana
ante miles de fieles en la Plaza de San Pedro y refiriéndose al Día Mundial del
Medio Ambiente que se celebra hoy, el Santo Padre dijo que:
"Cuando hablamos de
ambiente, de la creación, pienso en las primeras páginas de la Biblia, en el
Libro del Génesis, donde se afirma que Dios puso al hombre y a la mujer en la
tierra para que la cultivaran y la cuidaran. Y me pregunto, ¿Qué significa
cultivar y cuidar la tierra?, ¿Estamos realmente cultivando y cuidando la
creación?, ¿O la estamos explotando y descuidando?
Cultivar y cuidar la creación es
una indicación de Dios, dada no sólo al inicio de la historia, sino a cada uno
de nosotros; es parte de su proyecto; quiere decir hacer crecer el mundo con
responsabilidad, transformarlo para que sea un jardín, un lugar habitable para
todos.
Muchas veces Benedicto XVI dijo
que: "este cometido encomendado por Dios Creador requiere seguir el ritmo
y la lógica de la creación”. Nosotros sin embargo nos dejamos llevar a menudo
por la soberbia del dominar, del poseer, del manipular, del explotar; no la
cuidamos, no la respetamos, no la consideramos como un don gratuito que debemos
cuidar.
Estamos perdiendo la actitud del
asombro, de la contemplación, de la escucha de la creación, y así no
conseguimos ver lo que Benedicto XVI llama: “el ritmo de la historia de amor de
Dios con el hombre”. ¿Por qué sucede esto?, ¿Por qué pensamos y vivimos
horizontalmente?, nos hemos alejado de Dios, no vemos sus señales.
Cultivar y cuidar, no se refiere
sólo a la relación entre nosotros y el ambiente, entre el hombre y la creación,
afecta también a las relaciones humanas. Estamos viviendo un momento de crisis;
lo vemos en el ambiente, pero sobre todo lo vemos en el hombre. La persona
humana está en peligro: ¡He aquí la urgencia de la ecología humana! El peligro
es grave porque la causa del problema no es superficial, sino profunda: no es
sólo una cuestión de economía, sino de ética y antropología...dominan las
dinámicas de una economía y una riqueza carentes de ética.
Lo que manda hoy no es el hombre,
es el dinero: ¡el dinero y la riqueza son los que mandan!. Y Dios, nuestro
Padre, no ha dado el cometido de cuidar la tierra al dinero, sino a nosotros: a
los hombres y las mujeres. ¡Somos nosotros los que tenemos este encargo!. Sin
embargo, los hombres y las mujeres son sacrificados a los ídolos de la
explotación y del consumo: es la cultura del descarte.
Si una noche de invierno, aquí en
la calle Ottaviano por ejemplo, muere una persona, eso no es noticia. Si en
muchas partes del mundo hay niños que no tienen nada para comer, eso no es
noticia, ¡es una cosa normal! ¡Esto no puede continuar así! Esto se convierte
en una cosa normal: que haya personas sin hogar que mueren de frío por la
calle, no es noticia, pero que la Bolsa de algunas ciudades baje diez puntos,
es una tragedia. Así, las personas son descartadas, como si fuéramos
desperdicios.
La vida humana, la persona, no se
ve como un valor primario que respetar y cuidar. Esta cultura del descarte nos
ha convertido en insensibles también ante el derroche y el despilfarro
alimentario. El consumismo nos induce a acostumbrarnos a lo superficial, al
derroche cotidiano de la comida a la que a veces, no somos capaces de dar el
justo valor que va más allá de los meros parámetros económicos. ¡Recordemos
bien que los alimentos que tiramos a la basura son como si se los robáramos al
pobre de la mesa, al que pasa hambre!”.
El Papa finalmente alentó a todos
a "reflexionar sobre el problema del derroche de los alimentos.
Comprometámonos todos seriamente a respetar y cuidar la creación, cuidar de
todas las personas, contrarrestar la cultura del derroche y del descarte, para
promover una cultura de la solidaridad y del encuentro".
Vaticano, 05 Junio 2013
Fuente: ACI/EWTN Noticias
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