«Si yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los
ángeles, y me faltara el amor, no sería más que bronce que resuena y
campana que toca.
Si yo tuviera el
don de profecía, conociendo las cosas secretas con toda clase de conocimientos,
y tuviera tanta fe como para trasladar los montes, pero me faltara el amor,
nada soy.
Si reparto todo lo
que poseo a los pobres y si entrego hasta mi propio cuerpo, pero no por amor,
sino para recibir alabanzas, de nada me sirve.»
(I-Corintios 13, 1-3)
San Pablo
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