La Iglesia es santa porque su origen es Dios que es santo y a ella
pertenecen no solo los “puros” sino también todos los pecadores, incluso
aquellos que están más alejados, dijo esta mañana (hora local) el Papa
Francisco en la Audiencia General que presidió en la Plaza de San Pedro ante
unas 50 mil personas.
Reflexionando sobre el Credo, concretamente en la parte en la que se
dice que la Iglesia es santa, el Santo Padre dijo que:
“Pueden decirme: pero la Iglesia está formada por pecadores; lo vemos
todos los días. Es verdad: somos una Iglesia de pecadores; y nosotros, los
pecadores, estamos llamados a dejarnos transformar por Dios. En la historia de
la Iglesia ha habido la tentación por parte de algunos de afirmar: la Iglesia
es solo la Iglesia de los puros, de los que son totalmente coherentes, y a los
otros hay que alejarlos. ¡No, es verdad! Esto es una herejía.
La Iglesia, que es santa, no rechaza a los pecadores: los acoge y está
abierta también a los más lejanos, llama a todos a dejarse envolver por la
misericordia, la ternura y el perdón del Padre que da a todos la posibilidad de
encontrarlo, de caminar hacia la santidad....¿Alguno de los que está aquí ha
venido sin sus pecados? No, todos llevamos nuestros pecados con nosotros.
¿Cómo podemos decir que la Iglesia es santa, si vemos que la Iglesia
histórica, en su camino durante los siglos, ha atravesado tantos momentos de
oscuridad? ¿Cómo puede ser santa una Iglesia hecha de seres humanos, de
pecadores, hombres pecadores, mujeres pecadoras, sacerdotes pecadores, monjas
pecadoras, obispos pecadores, cardenales pecadores, papas pecadores? Todos.
¿Cómo puede ser santa una Iglesia así?
La Iglesia es santa porque procede de Dios que es santo, es fiel y no la
abandona nunca al poder de la muerte y del mal; es santa porque Jesucristo, se
ha unido a ella indisolublemente; es santa porque la guía el Espíritu Santo que
la purifica, y la renueva. No es santa por nuestros méritos, sino porque Dios
la hace santa.
En la Iglesia, el Dios que encontramos no es un juez despiadado, es como
el Padre de la parábola evangélica... El Señor quiere que seamos parte de una
Iglesia que sabe abrir los brazos para acoger a todos, que no es la casa de
unos pocos, sino de todos, donde todos pueden ser renovados, transformados y
santificados por su amor; los más fuertes y los más débiles, los pecadores, los
indiferentes, los que se sienten abandonados y perdidos. La Iglesia brinda a
todos la posibilidad de recorrer el camino de la santidad que es el camino del
cristiano”.
Vaticano, 02 Oct. 2013
Fuente: Extractado ACI/EWTN Noticias
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