En
aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí
mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: "Dos hombres
subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano.
El
fariseo, erguido, oraba así en su interior:"¡Oh Dios!, te doy gracias,
porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese
publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que
tengo."
El
publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al
cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo:"¡Oh Dios!, ten compasión de
este pecador."
Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque
todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido."
Oración:
Señor
Jesús,
Tú
que tantas veces nos has invitado a rezar,
a
encontrarnos contigo,
a
buscarte en la oración,
ahora
nos haces ver la disposición
y la
actitud que debemos tener
cuando
te buscamos en ese encuentro;
por
eso, Señor,
ya
que eres Tú el que nos atraes a ti,
ayúdanos
ahora,
a
que tengamos la sencillez y la humildad
de
llegar a ti con el corazón abierto y confiado
sabiendo
de nuestra fragilidad,
esperando
todo de ti,
siendo
conscientes de que Tú puedes
cambiar
nuestro corazón
y
darnos las gracias que necesitamos
para
adherirnos siempre más a ti,
viviendo
como nos pides.
Que así sea.Fuente: Lectio Divina Vicentina
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