“El día de Pascua, mi meditación fue el deseo de resucitar con Nuestro
Señor, y como sin muerte no hay resurrección, vi que eran mis malas
inclinaciones las que debían morir y que debía quedar completamente destruida
amortiguando toda mi vivacidad interior, lo que bien veía no podría yo
conseguir por mí misma, pero me pareció que nuestro buen Dios me pedía mi
consentimiento, que yo le di por entero, para operar Él mismo lo que quería ver
en mí”
(E.24 P.626)
Santa Luisa de Marillac
Fuente:
Lectio Divina Vicenciana
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