En parte de su Mensaje para la Cuaresma
de este año 2018, y que lleva por título “Al crecer la maldad, se enfriará el
amor en la mayoría”, el Papa Francisco nos dice que:
“Este tiempo de Cuaresma nos ofrece el
dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno.”
“El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las
mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos, para buscar
finalmente el consuelo en Dios.”
Luego nos dice:
“El
ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el
otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la
limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida.”
Y finalmente:
“El ayuno,
por último, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una
importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que
sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del
hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de
bondad y sediento de la vida de Dios. El ayuno nos despierta, nos hace estar
más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios,
que es el único que sacia nuestra hambre.”
Fuente: Aciprensa
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