¡Tarde
te amé belleza infinita, tarde te amé, tarde te amé belleza siempre
antigua y siempre nueva!
Y
supe, Señor que estabas en mi alma y yo estaba fuera, así te buscaba mirando la
belleza de lo creado.
¡Tarde
te amé belleza infinita, tarde te amé, tarde te amé belleza siempre
antigua y siempre nueva!
Señor
tú me llamaste, tu voz a mi llegó, curando mi sordera con tu luz brillaste
cambiando mi ceguera en un resplandor.
¡Tarde
te amé belleza infinita, tarde te amé, tarde te amé belleza siempre
antigua y siempre nueva!
Tú
estabas conmigo, más yo buscaba fuera y no te encontraba, era un prisionero de
tus criaturas, lejos de Ti.
¡Tarde
te amé belleza infinita, tarde te amé, tarde te amé belleza siempre
antigua y siempre nueva!
Hasta
mí, ha llegado el aroma de tu gracia, por fin respiré, Señor yo te he buscado,
siento hambre y sed, ansío tu paz.
San Agustín de Hipona
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