Tanto
amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de
los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo
al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que
cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído
en el nombre del Hijo único de Dios.
Evangelio:
(Juan 3, vs 16-18)
Oración:
Dios
eterno y todopoderoso,
Dios
de amor y de misericordia,
Tú
Santísima Trinidad,
un
solo Dios y un solo Señor,
bendito
y alabado seas, hoy y siempre,
porque
siendo Uno, eres Padre amoroso;
siendo
iguales en gloria y dignidad
eres
Hijo unigénito
y
siendo Espíritu eres el santificador
y
eres dador de vida y santidad.
Todo
honor y toda gloria,
a ti
que dándote a conocer
nos
enriqueces y nos glorificas con tu vida.
Al
proclamarte como nuestro Dios y Señor,
te
pedimos que sigas derramando tu amor en nosotros,
para
que sigamos conociéndote siempre más,
y
así seguirte, viviendo de acuerdo a tu voluntad,
manifestando
con nuestra vida,
tu
proyecto de amor.
Que
así sea.
Fuente: Lectio Divina Vicenciana
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