Tú sabes,
Señor,
que ante el
misterio de tu cruz y entrega
nuestra fe es
siempre débil y pequeña…
que ante tu
rostro sufriente y necesitado
nuestra fe no
te responde con el amor.
Acrecienta por
ello tanto nuestra fe
como nuestra
caridad.
Y concédenos
ser tus discípulos
que no te
niegan
sino que
perseveran contigo
también en el
misterio de la cruz.
Y que nuestra
vida sea,
especialmente
para con los pobres
presencia de tu
Reino,
inicio de tu
salvación.
Tú que por
nosotros
no has
rechazado el mayor fruto del amor:
la entrega
generosa de tu pasión.
Amén.
Fuente: Lectio Divina
Vicentina
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