Queridos amigos:
La parábola del evangelio de hoy (Mc 4, vs 26-34) es un Canto a la Vida.
Habla del hombre que echa una semilla en la tierra y germina y va creciendo y
echa tallo, luego espiga y después fruto. Sin que él haga algo ni sepa cómo…¿No
es admirable? Pongamos el caso de un grano de mostaza, que es la semilla más
pequeña. Algo se mueve en ella, busca el nutriente del suelo, lo convierte en
savia, hace brotar un tallo, le salen ramas y se convierte en la hortaliza más
alta, en la que anidan las avecillas del cielo. Jesús contempla admirado la
fuerza misteriosa de la vida en el grano de mostaza, y ve en él lo que es el
Reino de Dios…
Yo les invito a ver en esa semillita, el millón y más de “semillitas”
aparentemente inertes e inútiles, pero potencialmente llenas de vida y de
sentido. Por ejemplo, una idea, sea la que sea, una palabra, aunque parezca
sobrante, un valor (como el honor) y todos los valores, una virtud (como la
sencillez) y todas las virtudes, un gesto como el de dar la mano, una oración,
etc. A cierta clase de personas (algunos millones), estas como-semillas les
parecen inútiles y las desechan, pero están cargadas de fuerza vital, y salen
por sus fueros, y animan, empujan, hacen cambiar las cosas, crean formas
nuevas, generan progreso y dan felicidad.
Fuente: P. Antonio Elduayen, CM
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