sábado, 16 de octubre de 2010

¡ Gracias, Señor !




La presencia de oxígeno en el yacimiento tampoco era abundante. Según Darío Segovia -diagnosticado con una periodontitis y una leve alza de presión al salir de la mina en la tarde del Miércoles, en el lugar número 20-, sus compañeros "estaban desesperados porque les faltaba el aire y por eso recorrían constantemente la galería".
El liderazgo de Urzúa y de José Henríquez -denominado el guía espiritual del grupo- fue clave.
Los 33 escuchaban el ruido de las sondas que intentaban ubicarlos, pero sabían que estaban lejos, lo que desalentaba a varios. Algunos mineros, incluso, llegaron a pensar que los rescatistas se habían olvidado de ellos. Por eso, mientras Urzúa les decía que debían tener fuerza interior, Henríquez apelaba a la oración.
"Yo nunca había rezado, pero aprendí a rezar, a estar cerca de Dios", detalla Villarroel, quien será padre el próximo mes.
Henríquez, evacuado en el lugar 24º y con un alza de presión a cuestas, lo resume así: "El hecho de que la mayoría haya aceptado a Jesucristo como su Señor y Salvador personal ayudó".
Equipos de Crónica y Regiones
“Estábamos esperando la muerte”
Fuente: El Mercurio 15/10/10


Salmo 95:
Vengan, cantemos al Señor.-

Vengan, lancemos vivas al Señor,
cantemos a la Roca que nos salva.
Delante de él marchemos dando gracias,
aclamémoslo al son de la música.

Pues, ¿no es acaso un Dios grande el Señor,
un Rey grande, más alto que los dioses?

En su mano está el fondo de la tierra
y suyas son las cumbres de los montes;
suyo es el mar, él fue quien lo creó,
y la tierra, formada por sus manos.

Entremos, y adoremos prosternados
de rodillas delante del Señor,
que nos hizo; pues él es nuestro Dios,
y nosotros el pueblo que él cobija,
el rebaño que guía su derecha.

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